lunes, 30 de diciembre de 2013

Momentos

Llegan momentos en la vida en los que una circunstancia imprevista hace conmoverse nuestros cimientos. Aprendemos, a lo largo de los años, que la felicidad no es conseguir lo que se desea, sino desear lo que tenemos. Nos convencemos (o nos dejamos convencer) de que realmente lo que disfrutamos es lo que queremos tener y lo que vivimos es lo que queremos vivir. Pero un día, de repente, una pieza del puzzle de nuestra vida se tambalea, se desencaja, y ese día nos planteamos si realmente nuestra filosofía era la acertada… si en verdad deseábamos la situación en la que nos encontramos, la vida que vivimos, o por el contrario, ya sea por cobardía, ya sea por conformismo, llamémosle como queramos (o como menos miedo nos dé), nos obligamos a sentirnos satisfechos con ella. Un día, cuando menos te lo esperas, llega ese momento en el que un suceso hace que lo veamos todo de distinta forma. Que el cristal del color con que se mira (aquello de lo que depende lo que se ve) varía, es otro, y vemos las cosas distintas, y vemos distintas nuestras existencias y nuestras circunstancias, y lo que es peor, dejamos de sentirnos satisfechos con lo que nos satisfacía ayer… la cuestión, llegados a ese punto, está sólo en saber si tendremos el valor suficiente para cambiar lo que nos disgusta o rememoraremos de nuevo lo aprendido a lo largo de nuestra historia, cambiaremos el color del cristal hasta llegar al tono que tenía horas antes, y nos engañaremos una vez más diciéndonos a nosotros mismos… qué tontería, si yo soy muy feliz!

Anastasia ©
19.10.2007

Fantasías de violación

La violación sigue siendo una fantasía común entre las mujeres. No quiero decir que las mujeres que fantasean con la violación deseen de verdad experimentar una violación real. En estos casos, estas mujeres lo que pretenden es ser dominadas, sentirse indefensas y de alguna manera disfrutar de los actos sexuales a que son “obligadas”. Pero como fantasía que es sólo lo desean con alguien con quien se sientan seguras, alguien que suponga para ellas una garantía de que solo será un juego. 

Estas fantasías tienen un papel en el BDSM. Mucha gente representa estas fantasías de violación consensuada con sus compañeros. 

Para la mayoría el dominio del Dom sobre el sum en tales escenas es la fuente principal de excitación, mientras que en todo momento saben que en realidad están a salvo de cualquier daño real. También es algo muy delicado y nada que deba hacerse sin una cuidadosa planificación y mucha discusión previa.

Pero una escena de violación tiene características propias. Las personas que intervienen deben interpretar sus papeles correctamente, mientras que a la vez vigilan atentamente si la escena va mal, ya que es fácil que en ocasiones la víctima sufra un ataque de pánico. 

Una fantasía de violación puede ser una escena muy intensa considerando que incluye efectos psicológicos además de físicos. Un buen Dominante suspenderá la escena nada mas que perciba que va mal, antes de ocasionar un daño real. No olvidar que estas escenas pueden ser peligrosas psicológica, emocional y físicamente. Recordar, que en el BDSM todos los juegos (excepto el castigo, e incluso a veces hasta éste) se hacen por mutuo placer, así que es importante que todos se sientan seguros y cómodos con la escena y su transcurrir. 

Una escena de violación requiere cuidadosa planificación y desarrollo. Por ello es necesario que los participantes se conozcan bien. Los cuidados después de la escena son muy necesarios. Es importante que la persona Dominante haga sentir a la sumisa que está segura, que le quiere y le cuida. 

En resumen, disfrutemos del BDSM en cualquiera de sus variantes siempre que nos apetezca -nunca bajo presión, amenazas u obligación- y llevémoslo a cabo, sin excepciones, con personas en las que tengamos depositada nuestra absoluta confianza. Sensato, Seguro y Consensuado.

Anastasia ©
14.10.2007

El tiempo, ese bendito aliado

... Los sucesos lo dirán Sancho -respondió don Quijote- que el tiempo, descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no la saque a la luz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra... (Cervantes)

Anastasia


Piensa Él, siente ella

Había quedado contigo en una cafetería enfrente de un teatro. Te ordené que llevaras zapatos de tacón negros , un vestido escotado por delante y por detrás, y sin ropa interior… Imagino, que ya estarás esperándome.

Obediente. Expectante.

Me gusta pensar en tí, avergonzada  al saberte observada por los parroquianos masculinos.

Sentada en una mesa, sintiéndome observada y admirada. Paso de un estado de excitación absoluto a la más profunda sensación de ridículo. Las mujeres me miran con envidia y los hombres con deseo, y no sé cuáles de esas miradas me hacen sentir más entregada a la voluntad de mi Dueño.

Se retrasa, pasan 5 minutos de la hora acordada… no será capaz de dejarme aquí sola mucho tiempo, pienso. Las miradas empiezan a volverse lascivas.

Me acerco a la puerta y me quedo unos minutos observándote desde fuera... también me hago una idea de las conversaciones que se mantienen sobre tí. Aprovechando que bajas la mirada, entro y me sitúo en una esquina de la barra, tapado de tu vista por tres hombres, que te miran y comentan.

Mi incomodidad es más que patente. Miro fijamente al suelo, sin atreverme a hacer frente a los ojos que atentamente me observan desnudándome lujuriosos. Tan absorta estoy que no me doy cuenta de su entrada en el local. 

Escucho lo que te haría cada uno... y viendo que empiezas a perder tu seguridad, me acerco sonriendo hacia tí.

Empiezo a temblar, estoy realmente asustada, necesito que llegue ya y sentir su protección… cuando de repente veo su sonrisa y el resto del mundo desaparece. Quiero lanzarme a sus brazos, que me acoja en ellos, que me esconda, pero sé que no puedo hacerlo. No es eso lo que espera de mí y no quiero defraudarle.

Sin dudar, apoyo mi mano en una de las tuyas, la oprimo para darle fuerza, e inclinándome te doy un dulce beso en la mejilla .

Consigo mantenerme en mi sitio, digna y orgullosa, como a él le gusta verme y recibo un beso en la mejilla como premio. 

Separándome de ella, dejo casi como por descuido un paquete de regalo junto a su mano, y me siento enfrente.

Observo con sorpresa como deja un pequeño paquete envuelto junto a mi mano, le miro a sus ojos y están sonriendo. Se sienta ante mí, con esa mirada burlona que tan nerviosa me pone.


Ábrelo, le ordeno.


Me ordena que lo abra con parsimonia, lentamente, prolongando el momento, deshago el lazo aparto el papel y veo una pequeña cajita.

Observo su cara al ver un collar en el que los eslabones son esposas diminutas, y una placa con su nombre de perra, por detrás el de su Amo y la fecha de toma de posesión.

Me estremezco al ver un precioso collar hecho con eslabones formados por esposas. Las esposas, nuestro talismán, el emblema de nuestro primer encuentro. En él luce brillante el nombre que me puso y el suyo en la parte posterior. Le miro interrogante esperando que me indique si debo ponérmelo.

Sonriendo le ordeno, póntelo perra.... y veo su turbación, disfrutando con ello.

Y sus ojos me devuelven una respuesta afirmativa a la vez que su voz me ordena hacerlo. mi alrededor. La gente sigue observándonos, aunque ahora de manera más disimulada. No puedo ponerme ese collar en público, es un collar de perra. Le miro suplicante pero su gesto es inflexible. 

Pero sé que lo hará sé que desea hacerlo , sólo tiene que descubrirlo.

Mi coño se humedece más y más por momentos. Es una prueba de entrega, lo sé tengo que hacerlo, deseo hacerlo. Quiero darle ese regalo. Mis dedos temblorosos lo colocan en mi cuello, con la barbilla alzada retadora mirándole a los ojos y diciéndole así lo suya que soy y me siento. 

Veo como temblándole las manos se lo coloca alrededor del cuello. Su color ha cambiado es nuevamente el suyo... Una vez hecho se siente orgullosa de su fuerza. Le sonrío, se lo agradezco con la mirada y tras pagar la cuenta, le indico que nos vamos. 

Sonrío, me siento feliz, tanto que necesito gritarlo, acabo riendo a carcajadas orgullosa de El por lo que sabe sacar y de mí por atreverme a sacarlo. 

Ella se pone de pie, su altura natural es aumentada por los tacones. Parece una diosa romana. Los hombres no pueden dejar de manifestar con los ojos su deseo, las mujeres su envidia. Me siento orgulloso, y salimos del local.

Anastasia ©
12.10.2007

Para...


Para los pobres de espíritu.
Para los miserables.
Para los traidores.
Para los mentirosos.
Para los cobardes.
Para los interesados.
Para los hipócritas.
Para los liantes.
Para los irrespetuosos.
Para los superficiales.
Para los viles.
Para los indeseables.
Para los que tienen doble cara.
Para los que están solos y lo merecen.

Para ellos, este dedo con todo mi cariño

Anastasia ©

20.09.2007



Sensaciones

Ya hacía días que tenía despierta la vena masoquista. Ella era así, por mucho que tantas personas no lo entendieran, funcionaba por impulsos. A veces atravesaba largos períodos con su aspecto dominante y sádico más desarrollado, otras veces aparecía su lado sumiso y masoca, que no siempre iban de la mano pero sí a menudo.

El sabía en qué momento se encontraba su perra, sólo al oirla hablar ya era capaz de interpretar lo que necesitaba y hoy estaba dispuesto a dárselo.

Le estaba esperando medio tumbada en su sofá. Vestía medias negras sin liguero y blusa del mismo color, transparente y larga hasta medio muslo. Un plug insertado en su ano cumpliendo su tarea de dilatación. Una de sus piernas apoyada en la mesa del salón y la otra flexionada sobre el asiento. Abierta y expuesta para él.

El llegó y como saludo le asestó varias bofetadas que la hicieron gemir y humedecerse de inmediato más de lo que ya estaba. Cómo la conocía!. Utilizó un argumento cualquiera para seguir golpeándola mientras ella, sumisa y entregada, le miraba con admiración y agradecimiento por lo que estaba recibiendo.

Pidió un beso y él se lo negó. Lo rogó y él la abofeteó de nuevo. Lo suplicó finalmente y con su voz más dura, mirándola a los ojos retador, le dijo… “gánatelo”.

Ella empezó a acariciar su miembro por fuera del pantalón, gimiendo al notar su dureza. Permaneció unos minutos así, tocándolo con la punta de sus dedos, frotando sus mejillas contra la bragueta, como si no se atreviera a abrirla, cuando en realidad lo que deseaba era postergar al máximo aquel momento para que él pudiera disfrutar de la imagen que le estaba ofreciendo… su orgullosa y altanera perra humillada y suplicante.

Finalmente no pudo resistirlo más y mirándole fijamente fue desabrochando el cinturón, el botón, la cremallera. Su respiración era agitada pero él seguía impasible. Cuando empezó a bajar los calzoncillos, su coño era un charco pero la expresión de él le dijo que no tenía derecho a tocarse todavía… por fin en su boca… podría haberse corrido sólo con esa sensación, pero estaba demasiado pendiente de darle placer a su Dueño como para pensar en ella misma y dejarse llevar.

Permaneció largos, eternos minutos disfrutando de aquel regalo. Jugando, babeando, chupando, succionando, lamiendo y besando aquella tremenda polla que tanto placer sabía darle, cada vez más excitada al pensar en lo que le esperaba. De repente él se cansó de aquel juego y sin pensar, ella demostró su indignación, siendo premiada con una sonora bofetada. La hizo levantarse y la inclinó sobre la mesa colocándose detrás de ella. Se abrió camino con las manos entre los labios de su coño y la ensartó de un golpe hasta el fondo haciéndola gritar y gemir de placer y dolor a la vez que recolocaba el plug que se había caído al levantarse.

La folló durante un buen rato regalándole varios y maravillosos orgasmos y de repente se detuvo. Le ordenó que fuera a buscar su collar y una vela y que se pintara los labios de rojo como una puta. Ella regresó inmediatamente con el collar puesto y los labios pintados, entregándole el cirio a su Dueño, quien la hizo arrodillar y ató sus manos a la espalda con sendas bridas para, una vez inmovilizada, empezar a follarle la boca sin piedad, sin compasión, provocándole arcadas y asustándola con la posibilidad de asfixiarla, mientras ella, inevitablemente, empapaba de sus jugos el cojín sobre el que estaba arrodillada.

Cuando se cansó de taladrarle la boca, la hizo levantar. Sacó una percha de pantalón y pinzó con ella sus pezones, encendió la vela y la puso entre sus dientes, obligándola a bañarse los pechos ella misma. La mujer giraba la cabeza de un pecho a otro, cerraba los ojos a cada gota y levantaba su barbilla para alejar la llama, pero él no se lo permitía, le inclinaba la cabeza más y más de modo que la cera no tenía tiempo a enfriarse en su caída y chocaba con sus pechos, que a la vez él izaba tirando de la percha hacia arriba, haciéndola gemir de dolor.

Le provocó así dos nuevos orgasmos que le hicieron temblar las piernas y nuevamente la hizo inclinarse sobre la mesa y se la folló como la perra que era, azotándole las nalgas, pellizándole los pezones y tirando de ellos hacia atrás, y estirando de su cabello que él mismo había recogido en una coleta.

Permitió que se corriera de nuevo y la arrastró hasta su habitación. La colocó a cuatro patas sobre la cama y le clavó la polla en el ano de un solo golpe. Haciendo caso omiso de sus quejidos empezó a moverse brutalmente, rompiéndole el culo cada vez que salía del todo para volver a embestirla sin piedad mientras seguía azotando su generoso culo, pellizcando sus riñones, apretando sus pezones entre sus dedos, hasta que ambos, al unísono, se corrieron en un mar de flujos y gemidos de placer.

Ella creyó que todo había terminado, pero la sorprendió obligándola a meterse su polla en la boca hasta que ésta se puso dura de nuevo. Inmediatamente la hizo arrodillarse ante él y empezó a orinar sobre su rostro, sus pechos. Ella necesitaba beberle, saborearle, brindarle ese regalo, pero su Amo no se lo permitió. Detuvo su meada, volvió a colocarla a 4 patas sobre la cama y entró en su vagina continuando su micción dentro de ella.

La mujer gritaba de placer, estaba experimentando la sensación más intensa y completa que nunca había llegado a recibir. Sentir su líquido dorado dentro de ella, notar como resbalaba por sus labios vaginales y sus muslos cuando él la sacaba, y volver a sentir en sus profundidades el calor que desprendía el río con el que El la llenaba. Mil escalofríos recorrieron su cuerpo antes de que ella también empezara a orinar de gusto sin poder evitarlo. Sus lluvias se mezclaban entre sus cuerpos sudorosos y excitados. Agua, sal, sudor, orina, flujos, líquidos que se confundían y se unían en una catarata de placer, en una explosión de los sentidos, convirtiendo aquella sesión en una experiencia única que ninguno de los dos olvidaría jamás.

Cuando por fin pudieron despegarse y ella se puso en pie, se miraron a los ojos, se besaron apasionadamente con la fuerza que sólo puede dar la complicidad y la confianza y se fundieron en un abrazo limpio y sereno, emocionados y perturbados por la belleza del instante que acababan de vivir, sabiendo, ambos, que aún les quedaban muchos como ése para compartir.


Anastasia ©

18.09.2007

Quiero

Aquí estoy ante tí...quiero que descubras a todas las mujeres que oculta esta sonrisa antojadiza. Quiero que te escandalices de la puta que soy.
Quiero que temas a la bruja que te rompería tus entrañas.
Quiero que odies a la infiel y abusadora que no te daría ni un pan.
Quiero que me cantes todos los nombres que tengo.
Quiero que distingas a la vieja arpía que te desprecia.
Quiero que veas a la guerrera que te sueña.
Quiero que sientas a la niña que te teme.
Quiero que te asquees de la viciosa sin arrepentimientos.
Quiero que aprecies a la madre que necesita de tu boca en su pezón.
Quiero que adores a la Afrodita que entre sus piernas te quiere atrapar.
Quiero que temas a la celosa y vengadora que te muestra los colmillos.
Y por último quiero que te rías con la amiga que siempre te ayudará

(publicado por "Lua" en GOTHIC-BDSM)