miércoles, 1 de enero de 2014

Aprendizaje

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa recostarse y una compañía no significa seguridad. 

Y uno empieza a aprender que los besos no son contratos y los regalos no son promesas. Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad. 

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema...

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar que alguien le traiga flores. 

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, y que con cada adiós uno aprende. 

Sin embargo, lo más valioso del viaje de la vida, no es en sí su término: el hallazgo o no de la felicidad. El tesoro del camino de la existencia es el trayecto en sí mismo. 

Borges

Las cosas buenas de la vida

Una ducha caliente.
Una mirada especial.
Recibir correo.
Encender la radio justo en el momento que están poniendo tu canción preferida.
Quedarse tumbados en la cama escuchando la lluvia.
El perfume de las toallas calientes tendidas al sol.
Una caja de bombones por abrir.
Una llamada a alguien lejano.
Un largo baño de espuma.
Reírse tan fuerte hasta que te duelan las costillas.
Una bonita charla.
La playa.
El olor a hierba mojada.
Reírse de uno mismo.
Enamorarte.
Las llamadas a medianoche que duran horas.
Correr bajo de una tormenta de verano, descalza y de la mano de tu mejor amigo
Reírse sin motivo alguno.
Tener a alguien que te dice que eres preciosa.
Despertarte en medio de la noche y darte cuenta de que aún te quedan algunas horas para dormir. 
Conocer nuevos amigos o pasar un poco de tiempo con los viejos.
Que alguien juegue con tu pelo.
Un helado.
Tener un bonito sueño y despertar de una pesadilla.
Una taza de chocolate caliente en un dia frío.
Los viajes en coche con los amigos.
Un whatsap inesperado.
Una mirada que te hace estremecer.
Subirte a un columpio.
Envolver los regalos debajo del árbol de Navidad comiendo galletas y bebiendo un vaso de leche.
Cruzar la mirada con un guapo desconocido.
Ganar un desafío.
Hacer una tarta de queso y que salga buena.
Un abrazo de tu padre como los que te daba de pequeña, aspirar su olor y transportarte.
Una piscina para ti sola.
Pasar el tiempo libre con tus mejores amigos, verles sonreir y oir sus carcajadas.
Cogerte de la mano con alguien a quien quieres.
Que alguien te diga que está orgulloso de ti.
Encontrarte por la calle un viejo amigo y descubrir que algunas cosas (buenas o malas) no cambian nunca.
Hacer un regalo a tu hijo y observar la expresión de su rostro mientras abre el paquete y descubre que contiene lo que tanto deseaba.
Mirar el amanecer sentada en la arena de la playa y ver el sol ocultarse tras las montañas.
Una juerga de las que no se olvidan.
Un día en un parque acuático.
Saber que amas y eres amado 
Levantarse de la cama por la mañana y ver que luce el sol.
Romper un límite.
Escuchar un "gracias, mi perra".
Planificar propósitos para el nuevo año, aun sabiendo que no los vas a cumplir.
Encontrarle...

Anastasia ©
01.01.2014

Apariencias


A veces la apariencia no lo es todo... John Blanchard se levantó de la banca, alisó su uniforme de marino y estudió a la muchedumbre que hormigueaba en la Grand Central Station. Buscaba a la chica cuyo corazón conocía, pero cuya cara no había visto jamás, la chica con una rosa en su solapa.


Su interés en ella había empezado trece meses antes en una biblioteca de Florida. Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas a lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente lúcida. En la primera página del libro, descubrió el nombre de la antigua propietaria del libro, Miss Hollis Maynell.

Invirtiendo tiempo y esfuerzo, consiguió su dirección. Ella vivía en la ciudad de Nueva York. Le escribió una carta presentándose e invitándola a cartearse. Al día siguiente, sin embargo, fue embarcado a ultramar para servir en la Segunda Guerra Mundial.

Durante el año y el mes que siguieron, ambos llegaron a conocerse a través de su correspondencia. Cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; un romance comenzaba a nacer. Blanchard le pidió una fotografía, pero ella se rehusó.

Ella pensaba que si él realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llegó el día en que él debía regresar de Europa, ambos fijaron su primera cita a las siete de la noche, en la Grand Central Station de Nueva York. Ella escribió: "Me reconocerás por la rosa roja que llevaré puesta en la solapa." Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía.

Dejaré que Mr. Blanchard relate lo que sucedió después: "Una joven venía hacia mí, y su figura era larga y delgada. Su cabello rubio caía hacia atras en rizos sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran tan azules como flores. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje verde claro, era como la primavera encarnada.

Comencé a caminar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar una rosa roja en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios. "¿Vas en esa dirección, marinero?" murmuró. Casi incontrolablemente, dí un paso para seguirla y en ese momento vi a Hollis Maynell. "Estaba parada casi detrás de la chica. Era una mujer de más de cuarenta años, con cabello entrecano que asomaba bajo un sombrero gastado. Era bastante llenita y sus pies, anchos como sus tobillos, lucían unos zapatos de tacón bajo." "La chica del traje verde se alejaba rápidamente. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a la mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente y que se confundía con el mío.

Y ahí estaba ella. Su faz pálida y regordeta era dulce e inteligente, y sus ojos grises tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel azul del pequeño volumen que haría que ella me identificara. Esto no sería amor, pero sería algo precioso, algo quizá aún mejor que el amor: una amistad por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido.

Me cuadré, saludé y le extendí el libro a la mujer, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogaba la amargura de mi desencanto. "Soy el teniente John Blanchard, y usted debe ser Miss Maynell. Estoy muy contento de que pudiera usted acudir a nuestra cita. ¿Puedo invitarla a cenar?"

La cara de la mujer se ensanchó con una sonrisa tolerante. "No sé de que se trata todo esto, muchacho," respondió, "pero la señorita del traje verde que acaba de pasar me suplicó que pusiera esta rosa en la solapa de mi abrigo. Y me pidió que si usted me invitaba a cenar, por favor le dijera que ella lo está esperando en el restaurante que está cruzando la calle."

(Anónimo)

Declaración de principios

Me gustaría que cuando alguien me recordara lo hiciera hablando de mis aciertos y de mis errores. De mis virtudes y de mis defectos, de mis alegrías y mis penas, de mis manías, de mis vicios y de mis pasiones. Me gustaría que dijera que he amado mucho y que también me han amado, que hice muchas locuras por amor y que por amor me rompieron el corazón en más de una ocasión, igual que yo he roto alguno.

Que perdí amigos porque nunca llegaron a conocerme, y que aún mantengo unos cuantos a pesar de lo bien que me conocen. Que hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero, por lo que no soporto que me digan lo que tengo que hacer, pero tampoco nunca me atrevo a decir a los demás lo que deben hacer ellos. Que soy borde, arisca, despegada, egoísta, soberbia y orgullosa, pero que todo eso forma parte de mí igual que lo poco bueno que pueda tener. 

Que mi mochila sólo lleva lo imprescindible y que siempre he procurado no cargarla con odios ni rencores porque pesan demasiado y hacen el camino más difícil, por lo que, por norma, perdono y procuro olvidar. 

En fin, me gustaría que me recordaran como alguien imperfecto, tormentosa, intensa, pero persona al fin y al cabo… que no todos pueden otorgarse ese titulo, verdad?

Anastasia ©
06.09.2008

Te deseo

Te deseo primero que ames y que amando también seas amado, y que de no ser así seas breve en el olvidar, y que después de olvidar no guardes rencores.
Deseo pues que no sea así, pero que si es sepas ser sin desesperar.
Te deseo tambien que tengas amigos y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien confiar sin dudar.
Y porque la vida es así te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta para que algunas veces te cuestiones tus propias certezas. 
Y que entre ellos haya por lo menos uno que sea justo para que no te sientas demasiado seguro.
Te deseo además que seas útil más no insustituible y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.
Igualmente te deseo que seas tolerante, no con los que se equivocan poco porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente y que haciendo buen uso de esa tolerancia sirvas de ejemplo a otros.
Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa y que ya maduro no insistas en rejuvenecer y que siendo viejo no te dediques al desespero, porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo también que seas triste, no todo el año sino apenas un día, y que ese día descubras que la risa habitual es buena, la risa diaria es sosa y la risa constante es malsana.
Te deseo que descubras con urgencia máxima, por encima, y a pesar de todo ,que existen y que te rodean seres oprimidos tratados con injusticia y personas infelices.
Te deseo que acaricies un perro, alimentes un pájaro y oigas un jilguero erguir triunfante su canto matinal porque de esta manera sentirás bien por nada.
Deseo también que plantes una semilla por más minúscula que sea y la acompañes en su crecimiento para que descubras de cuantas vidas está hecho un árbol.
Te deseo además que tengas dinero porque es necesario ser práctico y por lo menos una vez al año pongas algo de ese dinero frente a tí y digas "esto es mío" sólo para que quede claro quien es dueño de quien.
Te deseo también que ninguno de tus afectos muera pero que si muere alguno puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
Te deseo por fin que siendo hombre tengas una buena mujer y que siendo mujer tengas un buen hombre mañana y al día siguiente y que cuando estén exhaustos y sonrientes hablen sobre amor para recomenzar.
Si todas estas cosas llegaran a pasar no tengo nada más que desearte.

Victor Hugo, siglo XIX 

Sacando demonios

Aquella mañana se despertó y por primera vez en mucho tiempo, el sol no brillaba para ella. No había luz que se llevara los fantasmas que acechan las noches solitarias. No había pájaros que con sus trinos le animaran a afrontar aquel nuevo día. Sabía que ahí estaban como siempre las voces que le daban vida y fuerza, cuando las suyas flaqueaban; las manos que le empujaban a seguir o tiraban de ella, cuando en ocasiones perdía fuelle, pero aquella mañana había tanta oscuridad que no era capaz de verlas ni tan siquiera de sentirlas. 

Se asustó, volvió al refugio de su cama, se escondió entre las sábanas y decidió esperar que pasara aquel mal día. Pero se equivocaba, a aquel día le siguió otro y otro y transcurridos varios recordó lo aprendido a lo largo de su vida, que ésa no era la manera de recuperar la luz. Se armó de valor, maquilló su tristeza, vistió de colores su melancolía, perfumó su sensación de soledad y salió a la calle luciendo la más falsa de sus sonrisas, mas no consiguió engañar al sol y éste seguía sin asomar para ella. 

Caminaba por las calles ansiosa, buscando la luz, y la luz se agazapaba a su paso. Miraba a su alrededor y observaba como brillaba para otros caminantes pero cuando llegaba a aquella misma altura, para ella solo había sombras, sombras amenazadoras, oscuridad espesa, noche negra de la que en esta ocasión temía no lograr salir.

Y el tiempo, inexorable, seguía avanzando. Las voces le hablaban con cariño, le recordaban que estaban ahí. Las manos se ofrecían, llenas de amor, intentando tocar su corazón. Pero ella seguía sin ver ni oir. Observaba, sorprendida, que la oscuridad acababa envolviéndole tanto que llegaba a encontrarse si no cómoda, sí protegida. Que cuanto más tiempo pasaba en ella, más difícil se le hacía salir a buscar la luz. 

Recordó de repente que la oscuridad encubría la falta de valor y de coraje, le engañaba, le hacía creer que en su seno estaba segura, que nada podía dañarle, y a la vez le cegaba y le impedía ver que nada podía hacerle tanto daño como ella misma. Ella y sus miserias, ella y sus desengaños, ella y sus lamentaciones, ella y sus fracasos, ella y sus errores. En su mente rememoraba otros momentos oscuros y el dolor que a causa de estos se había llegado a inflingir y pensó que no quería volver a pasar por eso, que en esta ocasión no llegaría al límite.

Decidió luchar y ahí sigue. Sabe que esta vez, como ha hecho otras, conseguirá salir, vencerá a la oscuridad y volverá a brillar el sol. Piensa, eso sí, que deberá pedir un poquito de paciencia a esas voces y a esas manos, y cayendo en la cuenta de que, como todo lo que pide, le será concedido, por primera vez en muchos días, sonríe.

Anastasia ©
03.05.2008

Desubicadas

Por qué tantas veces me encuentro mujeres desesperadas en busca del amor dentro de este mundo, mujeres solitarias, tristes y desubicadas, hasta el punto de llegar a ser incapaces de discernir entre lo que es un Amo y lo que sería el hombre de su vida montado en un caballo blanco, que acudiera cual galán de brillante armadura a rescatarlas de su patética vida en soledad?.

Por qué se llaman a sí mismas sumisas cuando saben perfectamente que ni lo han sido, ni lo son, ni en realidad pretenden serlo, pero comercializan usando la sumisión como moneda de cambio para pagar un poco de compañía o atención?.

Por qué no se arman de valor y deciden salir de su drama personal por sus propios medios, o al menos tienen el coraje de admitir abiertamente lo que buscan y necesitan, sin engañarse ellas mismas y sobretodo sin engañar a los demás?

Por qué cuando les sale rana porque ellas mismas no respetan las reglas del juego, montan una tragedia griega adjudicándose el papel de víctima y esperando que aparezca otro Amo/a en otro corcel blanco, entretanto que todos los que ignoran la verdad de la historia las acunan en sus brazos compadeciéndose de su desgracia y regalándoles el protagonismo que tanto necesitan?

Llamadme intransigente pero no lo soporto, y no lo soporto principalmente porque odio ver como otra mujer se humilla, se arrastra, se ridiculiza, se pone en evidencia. No lo soporto porque desgraciadamente a las mujeres se nos suele igualar y que unas cuantas actúen así, hacen pensar que somos todas iguales, y me niego a que nadie piense eso de mí.

No juzgo, que nadie se confunda, allá ellas con su conciencia a la que supongo que se enfrentarán en algún momento del día. Todos sabemos lo que llevamos a cuestas, todos hemos pasado malas épocas, pero sí lo critico porque ésta no es la salida apropiada.

Si no eres sumisa no me vendas tu sumisión con cientos de “sí mi Señor” en los chats, con decenas de “a los pies de mi Amo” en los foros, porque estás jugando a ser algo que no eres y lo que es más lamentable, estás jugando con otras personas que pueden salir perjudicadas a causa de tu actitud cobarde y equivocada. Y sobretodo no me vendas esa película de tu supuesta entrega, porque estás restándole valor a la mía y a todas las entregas auténticas.

En fin, como bien dice una amiga mía "la que sale tonta... no espabila con Amo..." 

Anastasia ©